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Digitalizarlo todo

“Tras el cristal ya gris la noche cesa

y del alto de libros que una trunca

sombra dilata por la vaga mesa,

alguno habrá que no leeremos nunca”.

Jorge Luis Borges

El avance de la digitalización en todos los frentes, sobre todo desde el inicio de la pandemia, se presenta hoy como suprema aspiración. Según muchos, en la medida que los productos de la mente humana estén en línea, todos podrán apropiarse de ellos de manera directa, se lograría entonces el ideal democratizador, que elimine todas las formas de discriminación. Pero, al reducir todo a un problema técnico quizá recuperamos en clave de sueño, lo que hace décadas se demostró como insuficiente.

El acceso al libro y el progreso

Cuando la UNESCO proclamó el año internacional del libro, en 1972, lo hizo desde la consideración de que el progreso de la sociedad dependía del acceso a los textos. Desde su perspectiva, eliminar el analfabetismo, promover la lectura y multiplicar los buenos libros, serían el camino al desarrollo socioeconómico (Richard, 1975).  La fórmula era tan sencilla, simple y evidente, que tenía que estar errada y así lo demostró el tiempo.

Por esta razón, en el campo de la promoción de la lectura, se insiste sobre la necesidad de fortalecer las acciones de mediación y superar las meras campañas, lo que podríamos llamar la mercadotecnia de la lectura. La idea de seducir, atrapar, encantar, no parece ser la más adecuada para fomentar el encuentro entre los lectores y la cultura escrita. Michel Petit (2001) califica de demagógicos este tipo de acercamientos, al tiempo que resalta la importancia de construir diálogos intensos en los que el libro tenga un lugar. En el fondo, se trata de estimular contactos que faciliten el intercambio de opiniones, miradas, pasiones, preferencias, experiencias, es decir el encuentro humano auténtico.

En otra ocasión me refería aquí a la importancia que tiene hablar sobre lo que leemos, de compartir esa experiencia, en conversaciones de calidad. Como señala Sherry Turkle, establecer diálogos auténticos resulta indispensable para aprender unos de otros, conocernos, entendernos y desarrollar la capacidad de dar sentido a nuestra propias relaciones y experiencias. Y más aún, la suma de publicaciones o comentarios en una plataforma cualquiera, no equivale a una conversación real.

Por lo tanto, al menos en el caso de la promoción de lectura, debemos procurar construir espacios de encuentro, diálogo, exploración, contradicción, y no solo brindar acceso a libros. Esto no desconoce el hecho de que, en algunas zonas, los textos son escasos e incluso están materialmente fuera del alcance de las personas; no obstante, durante las últimas décadas aprendimos que la experiencia de la lectura es sobre todo un espacio de encuentro humano. Como formula de manera bellísima Petit (2016), el sentido de la mediación es decir: “te presento el mundo que otros me pasaron y del que yo me apropié, o te presentó el mundo que descubrí, construí, amé. Te presento lo que nos rodea y que tú miras, asombrado al mostrarme un pájaro, un avión, una estrella.(2016, p. 21)”

La digitalización en el sector cultural

Lo dicho hasta aquí aplica también en términos generales para el campo cultural. Así por ejemplo en el caso de México, según Emilia Ismael (2020) la cultura acabó teniendo en el contexto de la pandemia dos funciones únicas, la patrimonial y la de entretenimiento. Esto desnuda, la ausencia de imaginación y el repliegue de las instituciones, que deberían estar dedicadas a construir sentidos (Ismael, 2020).

Entre tanto, nos aplastan las infinitas digitalizaciones de obras, al tiempo que se hacen cada vez más escasos los intentos por “proponer nuevos órdenes, conexiones, y dependencias”. Las instituciones por su parte, se ocultan en silencio tras sus colecciones digitales (Ismael, 2020). Me temo que este llamado, que se formula en el caso de México, encaja perfectamente para toda la región, y podría llevar a la reflexión en otros ámbitos como el educativo.

Necesitamos favorecer esas nuevas conexiones a las que se refiere Ismael, las plataformas digitales no lo harán, esto no surgirá de manera espontánea de la acumulación de versiones electrónicas de bibliotecas, museos, y cursos. Esto es mas cierto que nunca, pese a todos los discursos que movidos por la ilusión de disminuir sus costos, reducen a los maestros al papel de meros facilitadores y sueñan con el algoritmo que le entregue a cada persona la obra (libro, pintura, partitura, etc.) que “necesite” o le “interese”.

Es indispensable que los mediadores, maestros, curadores, artistas, instituciones, propongamos modos nuevos de comprender la realidad que vivimos y, sobre todo, maneras de vivirla juntos. No se trata de problema técnico sino ético, estético y existencial.

Referencias

Ismael, E. (2020, April 16). Despiértame cuando pase la pandemia. Las instituciones culturales y la oportunidad perdida de la digitalización. LadoBe. https://ladobe.com.mx/2020/04/despiertame-cuando-pase-la-pandemia-las-instituciones-culturales-y-la-oportunidad-perdida-de-la-digitalizacion/

Petit, M. (2001). Lecturas: del espacio íntimo al espacio público. FCE.

Petit, M. (2016). Leer el mundo Experiencias actuales de transmisión cultural (1st ed.). Fondo de Cultura Económica.

Richard, B. (1975). La promoción de la lectura. Promoción Cultural S.A Editorial de la Unesco.

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