Abusos en la infancia

Abusos en la infancia y adolescencia

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«La mayoría de los agresores sexuales no son extraños a la víctima, al contrario de lo que se piensa o transmiten los mitos urbanos, pertenecen al círculo familiar o de amistades»

— Miguel Ángel Núñez

Para ponernos en contexto, voy a iniciar con esta cifra desastrosa y preocupante, según el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF, 2017), quince millones de niñas adolescentes de 15 a 19 años han experimentado relaciones sexuales forzadas en todo el mundo. Y a nivel general, el 35 por ciento de las mujeres ha experimentado alguna vez violencia física o sexual por parte de una pareja íntima (OMS, Organización Mundial de la Salud, 2013). Siendo las adolescentes el grupo con mayor riesgo de verse forzadas a mantener relaciones sexuales (u otro tipo de actos sexuales) por parte de su esposo, pareja actual o ex (UNICEF, 2017).

En Colombia, la realidad para los niños, las niñas y adolescentes se pone peor, pues según el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, en la pandemia se han denunciado 6.300 casos de niñas y adolescentes víctimas de violencia sexual, quienes se encuentran bajo la protección de la institución, pues las casas no son un lugar seguro para los y las menores (Congreso de la Republica de Colombia, 2020). 

Lo anterior se afirma debido a que, en los reportes entregados por Medicina legal (2015), se encontró que el principal escenario para la ocurrencia de este tipo de violencia fue la vivienda y los presuntos agresores son en el 88% de los casos (16.813), una persona cercana, como un familiar, la pareja o ex pareja, amigo, o el encargado del cuidado de la víctima. Estos altos índices de abusos y violaciones en la infancia y adolescencia, ocurren generalmente por quienes tienen la confianza de los menores, que muchas veces acceden a ellos por medio de juegos secretos y que solo llegan a ser conscientes de lo sucedido al crecer.

Dentro de la violencia sexual incestuosa se observó que el principal abusador fue el padre con 1.582 casos, seguido del tío con 1.278 casos, siendo las niñas y adolescentes entre los 10 y 14 años las principales víctimas (Medicina legal, 2015). Peor aún que los hechos mismos, es que, por temor o manipulación, pocas veces cuentan o denuncian lo sucedido y que cuando llegan a hacerlo, no les creen o simplemente les obligan a mantenerlos como “secretos de familia”, porque de lo contrario “se armaría una polémica familiar y es mejor guardar silencio y hacer como si nada hubiese pasado”. Esto se confirma con los datos recolectados por UNICEF (2015), que revelan que tan sólo un 1 por ciento de las mujeres víctimas de violencia sexual ha pedido alguna vez ayuda profesional. 

Pese a lo mencionado, en cuarentena, cuando se estuvieron acatando las medidas de protección por la situación de pandemia mundial debido al Covid-19, se presentaron más casos de violencia sexual, o por lo menos que hayan sido denunciados legalmente. Porque para nadie es un secreto que hay cientos de miles de casos que se han quedado en el silencio. 

Si no me creen, hagan el ejercicio de preguntarle a alguien con quien tengan confianza, les aseguro que es muy alta la probabilidad de que algún conocido haya vivido  alguna experiencia relacionada a violencia sexual, por lo menos a un acoso sexual. Incluso, la OMS (2013) asevera que la proporción puede llegar al 70 por ciento de las mujeres, y que las tasas de depresión, abortos e infección por VIH son más altas en las mujeres que han experimentado este tipo de violencia frente a las que no la han sufrido. 

A nivel terapéutico, en sesión son numerosos los casos que llegan con un motivo de consulta de una problemática actual, pero dentro de su historia de vida está la huella imborrable de un abuso en la infancia o adolescencia, que aún, a pesar de los años sigue doliendo. Cabe resaltar que no siempre este dolor se representa en llanto o tristeza, muchas veces se manifiesta en rabia, desprecio o insatisfacción, sobre todo cuando quienes deberían protegernos son quienes más nos violentan.

Por último, solo quiero compartirles, que aunque pensemos que es tarde para buscar ayuda profesional, todavía estamos a tiempo de hablar de aquello que nos rompió el alma, no para cambiar los hechos, porque en el pasado están, pero si para repararnos y resignificar nuestro presente. 

Referencias

  • Congreso de la Republica de Colombia (2020) Siguen aumentando los casos de violencia sexual e intrafamiliar contra menores y mujeres, en la pandemia. Recuperado el 7 de abrir del 2021 de https://www.senado.gov.co/index.php/prensa/lista-de-noticias/1629-siguen-aumentando-los-casos-de-violencia-sexual-e-intrafamiliar-contra-menores-y-mujeres-en-la-pandemia
  • UNICEF (2017). A Familiar Face: Violence in the lives of children and adolescents, págs. 73 y 82.
  • Medicina legal Colombia (2015). Exámenes médico legales por presunto delito sexual. Recuperado el 2 de abril del 2021 de https://www.medicinalegal.gov.co/documents/20143/49523/Violencia+sexual.pdf
  • OMS, Departamento de Salud Reproductiva e Investigaciones Conexas, Escuela de higiene y medicina tropical de Londres y South African Medical Research Council (2013). Global and regional estimates of violence against women: prevalence and health effects of intimate partner violence and non-partner sexual violence, pág. 2. Puede obtenerse información sobre países individuales en la base de datos mundial de ONU Mujeres sobre la violencia contra la mujer.
  • Créditos imágenes: principal https://as2.ftcdn.net/jpg/01/35/96/57/500_F_135965793_t7dqRf9WoasEiN7VRtreXCQEe7QNkAPU.jpg

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