Mujer asiática joven tristemente sentado en la hoja seca en el bosque solo

Duelo

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“… la muerte se sintió un poco triste, pero así era la vida”

 Erlbruch, 2007

El proceso de adaptación a la pérdida

Muchas veces hemos escuchado que el duelo tiene unos tiempos finitos y unas fases determinadas. La verdad, es que, más allá de cuánto tiempo tome, lo importante es cómo se integra la pérdida a nuestras vidas.

Tampoco se trata de culminar etapas; la elaboración del duelo no es lineal. Las personas oscilamos entre sentir, recordar y evocar hechos asociados con la pérdida y la puesta en marcha de estrategias que nos permiten hacer frente a lo que estamos viviendo (Cruz et al., 2017).

Vivir el dolor

Reconocer las estrategias que utilizamos ante el duelo es importante, pero ¿Cómo sabemos cuáles son? Recordando cómo nos hemos sentido y cómo hemos actuado en diferentes momentos en los que he experimentado la pérdida. De esta forma, podemos identificar cómo solemos responder ante el dolor. Y, lo más importante, cuáles de estas estrategias nos han ayudado y cuáles no.

Cuando no tenemos experiencia previa con el duelo, es útil hacer memoria de cómo hemos actuado en situaciones difíciles. Así, identificamos los recursos personales de afrontamiento. Es muy recomendable que, para la primera pérdida significativa busquemos asesoría profesional o nos informemos sobre cómo manejar el duelo.

Algo para resaltar, es que no importa qué actividades implementemos, no es posible evitar el dolor. Es clave comprender que, la única forma de elaborar el duelo es experimentar los sentimientos asociados a éste.

Y también, permitirse vivir los cambios derivados del proceso de afrontamiento. Un duelo conlleva una serie de transformaciones. Pueden ocurrir a nivel emocional, conductual e incluso modificar algunas de nuestras creencias o expectativas de la vida.

Actuar

Permitirnos vivir el dolor no significa vivir permanentemente en el dolor. La idea de tener claras nuestras estrategias de afrontamiento, es utilizarlas. Existen dos formas básicas de orientar nuestras acciones: gestión del duelo y mantenimiento de la funcionalidad.

La primera contiene aquellas acciones que nos facilitan la expresión de emociones y memorias relativas a la pérdida. Aquí, se incluyen actividades como: escribir cartas, hablar sobre la pérdida, participar de ritos fúnebres, entre muchas otras.

En cuanto a la funcionalidad, es el plan que nos permite llevar a cabo nuestras tareas de la vida cotidiana. Es cómo, a pesar del dolor, nos damos espacio para actuar en las otras esferas vitales. Algunos ejemplos son: llevar una agenda de actividades, pedir ayuda con algunas tareas, implementar una dieta saludable y una rutina de ejercicio.

Referencias

Cruz, J., Reyes, M., Corona, Z. (2017). Duelo. Tratamiento basado en la Terapia de Aceptación y Compromiso. Manual Moderno.

Créditos de imagen: Foto de Árbol creado por jcomp – www.freepik.es

Mujer preocupada

Actuar, una estrategia para el manejo de la ansiedad

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¿Qué es la ansiedad?

La ansiedad es un estado emocional displacentero caracterizado por sentimientos de tensión, aprensión, miedo y preocupación, que generalmente incluye la activación del sistema nervioso autónomo, llevando a que experimentemos síntomas físicos como taquicardia, sudoración, agitación motora, entre otros (Sarason, Sarason & Pierce, 1990).

Mecanismos para afrontar la ansiedad

Para afrontar la ansiedad, existen diversas herramientas que podemos aplicar en nuestra cotidianidad. Las más conocidas son las prácticas de relajación y los ejercicios de respiración. También, se ha popularizado en los últimos años, el uso de ejercicios basados en la atención plena o mindfulness que tiene por objetivo ayudarnos a mantenernos en el presente.

Algunas estrategias menos populares incluyen la identificación y reemplazo de pensamientos con contenido ansioso y el manejo de las conductas de evitación. Estas últimas han sido de interés para explicar el origen y mantenimiento de la ansiedad y la depresión.

De acuerdo con Hopko, Robertson y Lejuez (2006) ambos trastornos harían parte de un síndrome de afecto negativo que inicia como una respuesta maladaptativa al estrés y que se sostienen en el tiempo debido a un patrón de evitación.

Evitación y ansiedad

Básicamente, lo que ocurre es que cuando estamos ante una situación estresante en lugar de actuar directamente para solucionar el problema, lo que hacemos es evadirlo para disminuir el malestar asociado con este.

Dicha estrategia es efectiva solo en el corto plazo, pues en efecto aminora la incomodidad, pero en el largo plazo, causa no sólo que el problema probablemente empeore, sino que además disminuye nuestra percepción de eficacia personal; aquella que nos permite afrontar las dificultades que se nos presentan en la vida.

Esta pérdida de eficacia personal parece ser el origen común de la ansiedad y la depresión. Una de las formas más efectivas para la prevención y el tratamiento de la ansiedad es disminuir las respuestas de evitación y reemplazarlas por estrategias basadas en la acción. Preferiblemente aquellas que permitan solucionar directamente las situaciones estresantes.

Referencias

  • Hopko, D., Robertson, S., & Lejuez, C. (2006). Behavioral Activation for anxiety disorders. The Behavior Analyst Today, 7(2), 212-232.
  • Sarason, I. G., Sarason, B. R., & Pierce, G. R. (1990). Anxiety, cognitive interference, and performance. Journal of Social Behavior & Personality, 5(2), 1–18